El sonido cambia la forma en que los roedores perciben el tacto

Nuestros ojos, oídos y piel son responsables de diferentes sentidos. Además, nuestro cerebro asigna estos sentidos a diferentes regiones: la corteza visual, la corteza auditiva y la corteza somatosensorial. Sin embargo, está claro que hay conexiones anatómicas entre estas diferentes cortezas, de modo que la activación cerebral en un sentido puede influir en la activación cerebral en otra. Un nuevo estudio realizado por el laboratorio del Profesor Asociado Shoji Komai en el Instituto Nara de Ciencia y Tecnología (NAIST), Japón, visto en MÁS UNO, explica cómo la estimulación auditiva de la corteza del barril influye en las respuestas a la estimulación táctil en ratones y ratas.

La corteza del barril es uno de los sistemas somatosensoriales primarios más estudiados en los animales, es decir, los sistemas en nuestro cerebro sensibles al tacto, el dolor y la temperatura. Puede que no sea inmediatamente obvio por qué el estudio de la corteza del barril, que relaciona la sensación con los bigotes, es relevante para los humanos, pero resulta que la discriminación de textura realizada por los bigotes en roedores es muy similar a la misma discriminación que hacemos con las yemas de los dedos. Por lo tanto, Komai consideró que la corteza del barril era un buen modelo para ver cómo el sonido puede afectar la percepción del tacto.

«Creemos que nuestros sentidos son distintos, pero hay muchos estudios que muestran respuestas multisensoriales, principalmente a través de interacciones audiovisuales o interacciones audio-táctiles», explica Komai.

Usando experimentos de pinzamiento de parches de neuronas individuales, su grupo encontró que las neuronas de ratón y rata en la corteza del barril no respondían a la luz, pero que una gran mayoría respondía al sonido. Estas neuronas mostraron respuestas eléctricas al sonido que podrían clasificarse como puntas regulares o puntas rápidas. Además, la corteza del barril parecía tratar los estímulos táctiles y auditivos por separado.

«Estas respuestas indican que la información táctil y auditiva se procesa en paralelo en la corteza del barril», dice Komai.

Un análisis adicional mostró que las propiedades electrofisiológicas de las respuestas eran diferentes, con un sonido que causaba potenciales postsinápticos más largos con una latencia prolongada, casi preparando al animal para sentir el tacto. Esto sería como lo hace el estremecedor al escuchar un fuerte estruendo. Según Komai, esta reacción sería una ventaja evolutiva para animales nocturnos como ratas y ratones.

«En un ambiente nocturno, el sonido puede actuar como una alarma para detectar presas o depredadores. La combinación de señales auditivas y táctiles puede producir una respuesta efectiva. Será interesante aprender cómo el mismo sistema es ventajoso para los humanos», dice.

Fuente de la historia:

Materiales proporcionados por Instituto Nara de Ciencia y Tecnología. Nota: El contenido puede ser editado por estilo y duración.